Dicen que siempre hay una primera vez para todo y hoy es la primera vez que vivo una boda junto al mar. Muchos adjetivos le cabes. Así es como ellos lo han querido.
Son las seis de la tarde y algunos invitados ya están sentados
Muchos han viajado una media de 3.000 millas para poder estar aquí. La familia y amigos de Mehmet quizás hayan hecho el viaje más largo, aunque tal vez haya viajado alguien desde Siria. Los padres de Hala son de allí, aunque viven en Chicago y muchos de sus amgos han venido de allí
También la primera vez de tocar en un lugar así. Les regalamos músicas para el inicio y final de la ceremonia. La del comienzo estaba programada, no la del final. Nada más entre medias. Demasiado breve. Árabe e inglés en la entrega que el padre hace de su hija al novio, turco en la lectura de poemas, anillos entrelazados por una cinta color turquesa. A un lado ellos
Al otro, el sol bajando
y tal vez, las gaviotas simbolizando sueños
Al terminar, un instante de mar mientras se hacen las fotos de familia
Ahí está, en su tarde y plenitud
domingo, septiembre 04, 2011
sábado, septiembre 03, 2011
Con Mehmet
La playa se insinuó preciosa ayer por la noche. Olas. Estrellas y constelaciones colgando del horizonte. Altair, brillante. El águila, majestuosa. Cielos abiertos esta mañana y una playa de arena blanca buscando sus luceros
Abrasa la resolana pero la brisa calma el calor. Eso y el agua. Poderosa. Su fuerza oculta otros sonidos, aunque el hablar cubano se mantiene como constante y el ring de iPhones se confunde de una a otra sombrilla. Pero te aislas. En un rato desconectamos de otras realidades y como serpientes, cambiamos de piel, lavamos la arena de nuestras conchas

entre amigos, la familia que se hace cuando la propia no está cerca
Abrimos y cerramos la puerta, volvemos a cambiar de piel y nos quitamos la arena sobrante. Otra escena comienza
A las seis nos reunimos en el muelle, listos para el crucero por la zona que llaman The Ten Thousand Islands. Cena mientras el bote navega, ese es el regalo de Mehmet y Hala para sus invitados.
Se siente bien estar con amigos en un lugar como éste, o en cualquier lugar que te regale tiempo y nada que sea urgente para el día siguiente. Se siente bien conocerles a ellos
y saber que Mehmet es parte de los dos, que esa miradas llenas de bondad, entendimiento y saber son compartidas también
Partimos antes de que anochezca
y poco después de dejar atrás el muelle,
la cena está servida. La comida es la disculpa para crear la reunión.
Dentro y fuera del barco, el camino ligero y el movimiento del barco te lleva
Además de ser uno de esos lugares donde jubilados y gente con dinero tiene su segunda o tercera residencia, Marco Island es un lugar para un turismo relativamente exclusivo. De diciembre a Semana santa, esta ciudad de 10.000 habitantes acoge a 60.000. El resto del año, está muerta.
No hemos visto gente por las calles, ni taxis, ni autobuses públicos. Por supuesto, las casas que se ven a la orilla del agua son mansiones, pero las que se ven en el resto de la ciudad tampoco van vestidas con harapos.
Aunque no viviría en un sitio como éste, disfruto de nuestro viaje y del paseo junto a personas cercanas


Abrasa la resolana pero la brisa calma el calor. Eso y el agua. Poderosa. Su fuerza oculta otros sonidos, aunque el hablar cubano se mantiene como constante y el ring de iPhones se confunde de una a otra sombrilla. Pero te aislas. En un rato desconectamos de otras realidades y como serpientes, cambiamos de piel, lavamos la arena de nuestras conchas
Las horas se mueven rápido. Buscamos a Mehmet y estamos con él antes del ensayo para el día siguiente. La ceremonia será en la playa y ahí es donde estamos,
entre amigos, la familia que se hace cuando la propia no está cerca
Abrimos y cerramos la puerta, volvemos a cambiar de piel y nos quitamos la arena sobrante. Otra escena comienza
A las seis nos reunimos en el muelle, listos para el crucero por la zona que llaman The Ten Thousand Islands. Cena mientras el bote navega, ese es el regalo de Mehmet y Hala para sus invitados.
Se siente bien estar con amigos en un lugar como éste, o en cualquier lugar que te regale tiempo y nada que sea urgente para el día siguiente. Se siente bien conocerles a ellos
y saber que Mehmet es parte de los dos, que esa miradas llenas de bondad, entendimiento y saber son compartidas también
Partimos antes de que anochezca
y poco después de dejar atrás el muelle,
la cena está servida. La comida es la disculpa para crear la reunión.
Dentro y fuera del barco, el camino ligero y el movimiento del barco te lleva
No hemos visto gente por las calles, ni taxis, ni autobuses públicos. Por supuesto, las casas que se ven a la orilla del agua son mansiones, pero las que se ven en el resto de la ciudad tampoco van vestidas con harapos.
Aunque no viviría en un sitio como éste, disfruto de nuestro viaje y del paseo junto a personas cercanas
y personas con las que te puedes comunicar a pesar de no hablar su lengua
Eso y perderse en lo que se ve más allá mientras la luz se difumina con la misma amabilidad con la que llega la noche
viernes, septiembre 02, 2011
Islas
Vas a decir que no paro, pero no creas que no tengo ganas de llegar a tierra firme. Ya te conté que llegué a Madison el lunes por la noche y que para aplacar la ira de los viajes largos con horas que viajar de este a oeste te quitan o ponen, desperté al día siguiente tratando de que fuera un día lo más normal posible. También te digo que creo que ha sido así para muchas personas en Madison: la semana del regreso, el comienzo de los colegios para los niños, la última semana de vacaciones antes de que la próxima abra sus puertas la universidad.
¿Ves? No soy la única. Tampoco este fin de semana en el que mucha gente viaja porque es puente. Y no, no es exactamente por eso por lo que estoy en Marco Island: Mehmet nos pidió que estuviéramos con él el domingo. Es cuando se casa.
Qué dónde está Marco Island me preguntas. Si dibujas una línea recta desde Miami hacia el oeste, ahí está, en el Golfo de México, en el suroeste de Florida.
Madison amaneció con un sol de fuego entre el calor húmedo de la mañana. Convirtió en espejo los lagos de la ciudad. Un avión y luego otro para llegar a Fort Lauderdale
y desde allí recorrer la 93, como si buscáramos la tormenta tropical que ya descarga sobre New Orleans. El centro de la tormenta no está aquí, pero la lluvia de a ratos parecía decir lo contrario
Volvió a recordarme que no es dama silenciosa y que sus caprichos son precisamente eso
Lo demás te lo puedes imaginar, hotel
mar a lo lejos
y un arco iris sobre el Golden Gate de Marco Island conectando las aguas de lado a lado,
el mejor deseo para Mehmet
y un puente abierto para esta isla de fin de semana
¿Ves? No soy la única. Tampoco este fin de semana en el que mucha gente viaja porque es puente. Y no, no es exactamente por eso por lo que estoy en Marco Island: Mehmet nos pidió que estuviéramos con él el domingo. Es cuando se casa.
Qué dónde está Marco Island me preguntas. Si dibujas una línea recta desde Miami hacia el oeste, ahí está, en el Golfo de México, en el suroeste de Florida.
Madison amaneció con un sol de fuego entre el calor húmedo de la mañana. Convirtió en espejo los lagos de la ciudad. Un avión y luego otro para llegar a Fort Lauderdale
y desde allí recorrer la 93, como si buscáramos la tormenta tropical que ya descarga sobre New Orleans. El centro de la tormenta no está aquí, pero la lluvia de a ratos parecía decir lo contrario
Volvió a recordarme que no es dama silenciosa y que sus caprichos son precisamente eso
Lo demás te lo puedes imaginar, hotel
mar a lo lejos
y un arco iris sobre el Golden Gate de Marco Island conectando las aguas de lado a lado,
el mejor deseo para Mehmet
y un puente abierto para esta isla de fin de semana
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