Te lo había dicho antes, tenía muchas ganas de conocer Cuenca. Tú viniste hace un año y ese fue el último empujón para que la decisión fuera fácil.
Ahí está. Asoma casi sin insinuarse, y cuando entras, quieres caminarla. Subimos hasta lo alto y desde allí, un convite de esa zona histórica por lo que la llaman la ciudad encantada
Son pocas las casas colgadas que quedan
Como Salamanca, Cuenca es una de esas ciudades con un centro histórico tan compacto que se tiende a olvidar que vive alguien en esa plaza o en esa calle donde iglesias y palacetes descansan
Cuenca fue ciudad fortificada. A una parte, la defensa natural que proporcionaba la montaña. A la otra, sus murallas. Atravesando este arco
comenzamos a bajar por la calle de San Jorge
Vamos buscando la plaza, parándonos a ver iglesias, puertas, casas, calles laterales. Ésta que desemboca en la fonda de San José
parece ser marco perfecto
Por supuesto, otras también son marco de otras historias
La Plaza Mayor también parece ser aquí centro neurálgico
Nos quedamos un rato frente a la iglesia,
que hoy está cerrada y sólo podemos ver por fuera
Seguimos caminando por otras plazas
y rincones desde donde se pueden ver las casas tendidas a lo alto
Muy cerquita de aquí, saludo a la señora mayor que está sentada a la puerta de su tienda de ultramarinos. “Qué bonita esta ciudad”, le digo. “Sí, pero de lo bonito no se vive”, responde. No, no se vive de lo bonito, pero mejor hacerlo en un lugar con encanto que en otro sin él
Más abajo, el puente reúne al turista que quiera ver las casas colgadas desde otro ángulo, casas del siglo XIII
construcciones sostenidas y quietas
La verdad es que impresiona la utilización del espacio natural
Al subir, otras calles juegan con otros espacios
Subimos y volvemos a bajar buscando la salida por la misma calle por la que llegamos
Quiero leer un poco sobre Cuenca porque aunque de lo bonito no se vive, ayuda y se disfruta.
¿Te apetece una caña antes de seguir camino?