Sí, la semana ha sido un reencuentro con el Madison que se regala con sus mejores galas cuando el tiempo acompaña, el sol y la luz dibujando rincones, adornando los pasos
Como muchas otras cosas, las transiciones también son egoistas con su tiempo, lo piden. Sólo después de que se lo damos sabemos que les corresponde. No se conforman ni con la impaciencia ni con un color cualquiera
Después de unos días me doy cuenta de que la transición me deja entrar en el Madison de comienzos de curso con sus horas, sus rituales, sus idiosincracias. Poco a poco, mirando las cosas en su momento, como y cuando llegan,
en sus estaciones,
con sus destinos
Muchos rincones de este jardín han sido planeados de antemano. Pero no es un jardín de manicura sino un jardín vivo. Te invita, quiere que lo camines,
deja que las sorpresas asomen. Lo mismo que en nuestra vida.
Ese es el embrujo. Poder caminar la vida por las callejuelas que asoman,
muchas inesperadas, otras conocidas. Tomarlas de la mano y moverse en ellas
Así me ha sorprendido esta semana, generosa y dócil, un nuevo acento en algunos de sus rincones,
el reencuentro,
inicio y continuidad