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domingo, mayo 03, 2009

El cañón de Chicamocha y más música

Después de tres años, el viaje que hicimos a Barichara por el cañón de Chicamocha todavía perdura muy claro en el recuerdo. Hoy no madrugamos tanto como hace tres años pero igual comenzamos el viaje a La Mesa de los Santos temprano.

En enero abrieron el Parque Nacional del Chicamocha, con la Mesa como puerta de entrada. Ahí es donde se coge el teleférico que desde la ladera te lleva al cerro, dejando el Río Chicamocha en lo hondo del valle. El Cañón es magnífico, el segundo más grande del mundo.

La belleza y grandiosidad que recuerdo sigue siendo la misma. Ahora la experiencia es muy diferente. Al llegar a La Mesa nos despertamos con un jugo de guanábana y hacemos tiempo hasta que el teleférico entre en funcionamiento a las nueve de la mañana. Las nubes andan rondando las montañas

22.VerdeYDespejando

pero parece que más tarde va a despejar. Así me dice quien sabe. Y efectivamente, así sucede. Poco a poco los cielos se abren

29.Nubes

y hasta se llega a ver el camino que va hasta Curití y que hicimos en el otro viaje

26.CarreteraACurití

Aunque sea entre nubes, ver las cumbres impresiona

32.NubesYMontaña

Son poco más de 6 kilómetros el trayecto en teleférico. Desde lo más alto

39.BajadaEnTeleferico

pasamos por una ladera poblada de verdes y unas pocas casas ahí detenidas

52.Ladera

Aunque parezca que vamos léntamente, no lo es tanto. El paseo dura unos 20 minutos

63.CablesYCaminito

Atravesamos el río que ahora lleva mucho barro por ser época de lluvias

75.RíoChicamocha

y luego volvemos a subir para llegar al cerro. Al otro lado las montañas,

90.Montañas

un arco iris en cerco rodeando al sol,

102.FarolaYArcoIris

el otro río

118.MontañaYRío

En ese cerro han construido un centro recreativo en el que hay un poco de todo: restaurante, capilla, pista de hielo, auditorio, un parquecito para niños, otro en el que hay avestruces, sitios para hacer parapente y cablevuelo extremo (que por cierto hice y me pareció fantástico. No, nada de vértigo).
Por el camino de subida al mirador, hasta puedes tomar un jugo de caña recién hecho

129.HaciendoJugoDeCaña

Y si no quieres subir caminando, este jeep te puede llevar

146.CamioncitoSubeYBaja

Al bajar vemos el monumento a la Santandereaneidad al completo

134.LaEscultura

Digo al completo porque no pasa desapercibido desde casi ningún ángulo del complejo turístico. Es un monumento que representa la Revolución de los Comuneros, una serie de levantamientos populares que se iniciaron en el siglo XVIII y permitieron la liberación de la Nueva Granada (Colombia, Venezuela y Panamá) del dominio español.
Caminamos por él un rato

171.Monumento

pero ya no nos entretenemos mucho más porque no queremos retrasar mucho el regreso. El sol quema, aunque las mariposas en su quietud quieran ignorarlo

163.Mariposa
Están por todas partes, juguetonas, frágiles.

Luego volvemos a tomar el teleférico y le decimos adiós al río

189.Río

y a las laderas

195.Regreso

Es hora de volver a Bucaramanga

196.MatriculaBucaramanga

pero no sin antes comer una buena parrillada al aire libre

202.Asadero

(Con una para seis personas comemos nueve. Sí, ojo con las porciones en esta región porque son casi siempre como para dos).


Es nuestro último día en Bucaramanga y la verdad es que ha sido buena idea volver al Cañón. Como también lo es reunirse para tocar con José Rueda, el papá de Enrique

207.JoséCiroRueda

y con Rafael Aponte, músico y compositor muy reconocido a quien conocimos en el viaje anterior y con el que nos hemos mantenido en contacto y compartido músicas, discos, partituras

220.RafaelAponte

Se suma al grupo Gonzalo, tiplista y bandolista amigo de la familia

212.GonzaloYJosé

Tocamos nosotros, tocan ellos. Es una satifacción poder tener una experiencia así, tocar con buenos músicos que saben y conocen. Es una tocata como aquella que nos enamoró hace tres años y desde la que nació un poco la idea de Xtring Quartet.
Nada como la música para romper barreras y crear encuentros.

sábado, mayo 02, 2009

Ser parte del Festivalito Ruitoqueño

Hoy ensayamos un poco más temprano que ayer. Seguimos trabajando en los temas que por la tarde vamos a tocar. Nuestra presentación es sobre las 5:30 y planeamos el día a partir de ahí. Entre el ensayo y preparar todo para llevar al sitio del festival no queda mucho tiempo libre.
Es bonito llegar a la finca de Ruitoque de día, una finca enorme donde se levanta la carpa, el escenario y las otras facilidades del festival. Todo está bastante organizado. Desde que llegamos hasta que tocamos, nos da tiempo a perdernos entre verdes y sutiles colores,

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flores

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Asombrosa la riqueza de esta vegetación, agua, calor y humedad haciendo florecer todo constantemente

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Nos da tiempo también a escuchar a músicos ensayar aquí

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y allá

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haciendo tiempo hasta que les llegue el turno

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Nos da tiempo a hacernos fotos

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y a tener la ansiedad que siempre se tiene antes de subir al escenario. Nerviosos por la espectativa del público, porque venimos de fuera y les llama la atención y llena de orgullo que toquemos esta música, que en el grupo haya un colombiano, una española, un mexicano y un turco, porque la familia del colombiano del grupo está toda aquí y hay una emoción especial. (Recuerdo lo intenso que fue tocar en Salamanca y en México con Sotavento. Especial).
Una vez arriba, en el momento en que empezamos a hacer la prueba de sonido, sabemos que todo va a ir bien, que el ingeniero de sonido (el otro músico del grupo y de quien mucho depende) sabe lo que está haciendo

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Todo va, el sonido es bueno, nos escuchamos bien y el público se emociona por la música. Los comentarios que hacemos les tocan de cerca. Hay una Colombia, la que se conoce por los secuestros y los problemas que el narcotráfico genera. Y la otra, la hospitalaria, la de la gente encantadora, gente linda, como ellos dicen, la que te acoge y vives como si a ti también te perteneciera. Así se ofrece.

Luego, después de recoger todo y hablar con unos y otros, vuelves a ser público y a escuchar a los grupos que hoy cierran el festival, el grupo Macondo con el maestro "Colacho" maestre

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y sus buenos músicos en las voces, los tambores y las gaitas,

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a Niyireth acompañada de Sandro en la guitarra y Juan Carlos en el tiple

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a Gerardo Rivera acompañado por los hermanos Coy

Gerardo Rivera

Mucho talento y mucha creatividad. Asombroso el virtuosismo y sutileza de los hermanos Quintero en el requinto y el tiple. Los había escuchado ensayar por la mañana y también después de que nosotros tocáramos. La misma claridad y limpieza de ejecución en el ensayo y en la presentación. 14 y 18 años. Asombrosos

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Pero tampoco se queda atrás la músicalidad y fuerza del grupo La Séptima

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Los dos últimos grupos que vimos crearon tal entusiamos que pareciera que fueran las dos de la tarde del primer día. Espectacular el grupo NVoz

NVoz

¿Cómo es posible que cinco voces llenen el espacio de tal manera que pareciera que estuvieras escuchando a una orquesta completa?
Lo mismo con El Cuarteto Colombiano de clarinetes y sus arreglos de música colombiana (cumbias, porros, mapelés y por supuesto, lo andino)

Cuarteto Colombiano de Clarinetes

Vimos a bastantes grupos pero faltaron muchos más que no pudimos escuchar, especialmente los grupos de niños que tocaban al comenzar el festival a las dos de la tarde.
Lleno e intenso. Así es el Festivalito Ruitoqueño.

viernes, mayo 01, 2009

Más del Festivalito Ruitoqueño

Llegamos al festival cuando ya ha oscurecido. Hubiéramos querido estar antes pero no ha sido posible. Igual, cuando llegamos, nos sentamos a escuchar a los grupos. El sitio esta lleno. La variedad y la calidad de grupos sigue siendo la misma que escuchamos ayer y las propuestas me siguen sorprendiendo, desde los ecos de tangos, flamenco y otras música del mundo del Atípico Trío

Atípico trío

a la fuerza y precisión de Maracure con su música llanera

Grupo Merecure

Cuando sientes que un grupo ha llenado todo el espacio con su energía, el siguiente reconstruye otro paisaje sonoro que vuelve a renovarla, a crear otra igualmente intensa.

Empezamos a sentirnos como en casa a medida que vamos conociendo a gente, tanto músicos como organizadores. El espíritu abierto de la gente hace fácil la comunicación. Seguimos la conversación con grupos a los que conocimos ayer o antes de ayer, volvemos a escuchar al grupo Bandola

Grupo Bandola

y después de hablar con ellos nos damos cuenta de que el lazo está ahí, que en algún momento y lugar volveremos a encontrarnos y compartir músicas. El contacto humano y la riqueza musical que se genera al compartir son especiales en este tipo de festivales.

Es curioso llegar a sitios como éste y encontrarte con un festival de esta calidad, que recibe a músicos de varias partes de Colombia representando una parte del variadísimo folclor del país pero a la vez, manteniendo una identidad muy fuerte conectada con lo andino colombiano, el tiple, la bandola, el bambuco, el pasillo, la guabina.
¿Cómo es posible que no se sepa mucho más del Festivalito? Es mejor así, me dice Fernando Remolina, uno de los organizadores que además es multi-instrumentalista y una persona sencilla y vivaz.
Me quedo pensando en lo difícil que es encontrar el equilibrio, mantener la esencia y el sabor local aunque el evento se convierta en un evento multitudinario. ¿Es posible?
Quien toca esta música, sabe que el festival está aquí y quieren volver año tras años. El público lo pide y lo vive como parte de su cultura desde hace 19 años. Los organizadores trabajan en la preparación del festival de forma altruista. Algunos además son músicos: ahí está Rafael Aponte tocando tiple con su grupo, Nocturnal Santandereano

Nocturnal santanderiano

y ahí Fernando Remolina tocando tiple con Septófono

Septófono

Estos dos grupos me impresionaron mucho por los arreglos, la creatividad y el nivel interpretativo. El silencio del público al escucharlos y el aplauso de después también hablan de la emoción que crean. A lo largo de la noche fui conociendo a varios de los integrantes de cada grupo y ahí te das cuenta de cómo el talento individual de cada músico construyen un todo fuerte.

Así es el festivalito, estar con todos, sentir la calidez humana, el respeto del público, el compañerismo y el compartir de los músicos.

jueves, abril 30, 2009

De Madison a Bucaramanga-El Festivalito Ruitoqueño

El festivalito en Ruitoque es la razón del viaje. Lo que en Tlacotalpan fue música jarocha, aquí es música andina colombiana, la música que muchos dicen que ya nadie toca, que nadie escucha. Pero ahí está, entera, reproducida en su tradicionalidad con más o menos exactitud, recreada de muchas formas, instrumentada y arreglada con una extraordinaria variedad de lenguajes musicales, vivida por pequeños y mayores.
A pesar de que sean veinte horas de viaje o de que la noche y el día se entrecrucen y confundan sus barreras, merece la pena despertar en Bogotá. Alfonso y Estela nos esperan para tomar un tinto (café solo) con arepa, para compartir un "ratico" antes del vuelo a Bucaramanga. Les conocimos cuando vinimos a Colombia por primera vez en enero de 2006. Anfitriones perfectos y generosos entonces y ahora, volver a estar con ellos es recordar muchas cosas de aquel otro viaje; vivirles ahora, entender que la amistad es duradera y que la gente es nodo esencial que nos ayuda a sentir la identidad que necesitamos para sentirnos parte de algo y que le da sentido a las cosas, el núcleo que nos deja vivir todo de forma más intensa y cercana.

Son 35 minutos de vuelo a Bucaramanga (14 horas por carretera). Dejamos Bogotá envuelta en sus nubes cargadas de lluvia y vamos al este, a la zona de Santander. A medida que nos acercamos, los Andes asoman sin esfuerzo,

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el río Chicamocha atravesando el valle,

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fuerte, imparable. Luego va asomando Bucaramanga, la ciudad que con su más de un millón de habitantes, domina esta parte de Santander, verde como la otra del norte de España

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Vivo la llegada recordando la de hace tres años: todo nuevo entonces, un reconocer ahora. Ahí está José, el hermano de Enrique, otro gran anfitrión que entonces y ahora nos hace la vida mucho más fácil. (Junto a él, Rosi, su mujer, y otras muchas personas que hacen que todo funcione sin que tengas que hacer mucho esfuerzo).

Como entonces, ahora vamos a ver a la familia Rueda Sarmiento. Un abrazo grande de bienvenida nos espera.

Es la estación de lluvias y el cielo amenaza. Todo está muy verde. Hace calor y hay mucha humedad. Pero esa lluvia

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aguanta hasta mucho más tarde, después de que hayamos comido y hasta descansado un rato antes de ir a uno de los conciertos que forman parte de las actividades del festival.
Para cuando llegamos al concierto, ya casi ha dejado de llover. Oscurece temprano. Son poco más de las seis y la noche ya llega. El concierto es un lugar cerca de esa capilla, la más antigua de Bucaramanga

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Aunque llegamos un poco tarde, el grupo Bandola está terminando de hacer la prueba de sonido

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- ¿A qué hora empieza el concierto?
- Hora colombiana, siempre tarde (nos dicen unos señores con los que después seguiríamos la conversación).

La sala de conciertos está en un edificio restaurado con un gusto impresionante. Me cuentan Enrique y José que ahí estudiaron ellos, "cuando era bien feo y hasta parecía que las puertas se iban a caer". No es así ahora. El edificio se llama "La casa del libro total", la casa de una biblioteca virtual, un espacio para exposiciones y otras actividades culturales.

Al terminar el concierto nos fuimos al Festivalito, en Ruitoque, a unos veinte minutos del centro de Bucaramanga. La música ya está sonando y la carpa ampara de la lluvia a músicos y público. Este es el Festivalito.
Recogemos nuestros pases, los programas, y nos sentamos a escuchar. Ahí nos quedamos hasta más de media noche. No puedo dejar de pensar en los últimos festivales en los que he estado últimamente, Tlacotalpan, Cosquín. Me uno a ese público que se sienta a disfrutar de la música en silencio. Es parte de ellos, de su historia, su cultura. Es la música de los pueblos. En algún momento, el espacio en sí deja de ser significativo, estás ahí pero también en cualquier otro lugar donde las gotas de lluvia se escuchan al caer sobre la carpa, sientes la humedad, las chicarras y los grillos con su propio concierto. Estás ahí.

Hay toda una red de actividad coordinada tras el escenario de la que no te das cuenta pero que está ahí. Los grupos van pasando. El presentador los grupos mientras el sonidista arregla los micrófonos. Todo fluye. Parece que hoy son pocos los grupos que conforman el formato más tradicional de guitarra, bandola y tiple

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La variedad en instrumentación y estilos está presente, desde el bambuco acompañado por guitarra, tiple, contrabajo y viola

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a las composiciones en el estilo más clásico-contemporáneo. Me gustaron mucho las composiciones de Pablo ALmarales Blanco

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El contraste es también rico. Ahí está el grupo Rescatando el Folclor, con su requinto y tiple, y muchos instrumentos de percusión pequeña (esterilla, zambumbia, chucho, guacharaca, alfandoque, cucharas y carraca)

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Y ahí la Coral Universitaria UIS con su sonido lleno,

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el Quinteto de Clarinetes Pa'Ya con sus pasillos y cumbias,

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o el más tradicional bambuco cantado por el Dueto Las Zurronas

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No sólo la música andina está represnetada. Ahí está la de la costa con sus contagiosos currulaos,bullerengues y tamboras con el grupo Kuisitambó,

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los niños tocando y bailando también porque así es, es la forma de conservar la tradición y porque también ellos tienen que aprender (me dicen)

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y los merengues campesinos del grupo Los Manantiales del Recreo

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Asombra llegar a estos pequeños rincones del mundo, encontrar tanta riqueza humana y cultural, poder ser parte de todo eso.