Pasamos por la sorprendente villa de Oña con sus monasterios
y casas de piedra de color dorado tiempo u otras menos aguerridas pero totalmente encantadoras
Un poco más allá está el pequeño pueblo de Pedrosa de Tobalina. Ahí hacemos un descanso, en el remanso que el agua de la cascada forma
Es uno de esos lugares en los que el agua te lleva, su sonido, el curso natural de la corriente casi tranquila después de su caída
Hubieramos podido pasar mucho rato allí, contemplando símplemente o haciendo ranas en el agua después de elegir las piedras más lisas para que el rebote fuera más certero.Sobretodo, la tranquilidad, el discurrir de un tiempo casi sin esquinas, momentos de retratos entrañables,
amigas y risas
Luego seguimos caminando
para llegar hasta Cadiñanos
Nos vamos encontrando a gente del pueblo, gente orgullosa de su tierra que nos pregunta hacia donde vamos y de donde somos. Cuando les decimos, nos cuentan de otras rutas para caminar y otros sitios para conocer. Es el gusto por compartir la tierra que uno ama y la maravillosa frescura de poder hacerlo, preguntar, conversar con quien te cruzas por el camino.Sí, me gusta esta caminata,

los girasoles asomando
y las montañas de fondo, la silueta del pueblo enlazando casas de sobria construcción y antiguos palacios hoy abandonados
Así luce Cadiñanos. Desde el puente casi se alcanza a ver el sitio hacia donde vamos y al que llaman chopera,
aquí,
desde donde se puede ver ese palacio
de bellísima torre
Ahí pasamos el resto del día, entre baños

juegos
y conversaciones
Es el tiempo sin esquinas de nuestro día de excursión. Rompemos la rutina. Escuchamos los otros sonidos del día.(Por cierto, si alguien quiere ver más fotos y leer lo que los niños escriben y cuentan cada día en nuestra bitácora, éste es el enlace)
















































