jueves, enero 31, 2019

Tlacotalpan

Tlacotalpan tiene ritmo propio. Es (re)encuentro de mucho(s), pies en las tarimas, manos entre cuerdas, miradas y entregas. Ahí estamos, entre lo conocido y lo nuevo, el desvelo y las arenas de tiempo tejidas de sentimientos y razones, haceres de vida al fin.


En Encuentro de Jaraneros reúne a infinidad de gente en esta pequeña ciudad del sur de Veracruz. La festividad de la Virgen de la Candelaria el 2 de febrero atrae a otros muchos. (El día 1 sacan a los toros por las calles y lo llaman "Pamplonada". Huyo de esas calles abarrotadas de espectadores y me alejo lo más posible de eso.) Como otros años, venimos a escuchar música y a compartir con amigos a quienes solo vemos en estos días. A lo largo de los años, algunas de las calles empiezan a ser conocidas 






Este año nos acompañan Ted y Jody. Vivimos todo desde nuestro mirar pero también desde el de ellos, con la frescura de quien descubre todo esto por primera vez


También son músicos así que es fácil dejarse llevar y gravitar hacia esos lugares donde uno u otro van a hacer sonar sus jarana o requintos. Ahí, en Luz de Noche, está Ramón. Ese nuevo requinto que acaba de construir suena increíble. Claro que no es solo el instrumento sino probablemente su saber, su sensibilidad y el arte de sus manos



A primeras horas de la tarde, la calma de este primer día todavía se siente, todavía algún momento de descanso


En este primer día buscamos la cabalgata



 y como muchos otros,


buscamos un espacio en la calle para ver pasar a jarochas y jarochos ataviados con sus trajes de gala montados en sus caballos








Otros también se reencuentran y el saludo es prueba de ese pasado-presente que sigue construyendose y moviendo los hilos de la vida



domingo, diciembre 23, 2018

Mar de nubes




Ahí nos quedamos, detenidas. Era domingo. Éramos nube sostenida. El aire tenía otra vida y nos tendía su ancho hilo, sin peso. Otra altitud, otro delirio, otra forma de entender.
Era parte de las verdades de todos estos días. Nosotras juntas. Días luminosos de silencio legítimo y claro.

Ahí nos quedamos, con el silencio y lo ilimitado




Y cada tarde y cada atardecer, un recorrido. Juntas

jueves, diciembre 06, 2018

En la retina, en la piel


Estos árboles permanecen en nosotros. Son un referente constante.
Son casa y volver a ella, recobrar el centro que nos da fuerza.


Envejecemos como los troncos y las ramas. 

Envejecer no es detenernos ni entristecer cuando el surco de nuestra piel se va haciendo más profundo. Ese surco recorre otros litorales y en el recorrido está nuestra vida. Es nuestra vida.


Este espacio está siempre con nosotros. Volver a él es ser niño y adulto en el instante, pasado y presente, punto de encuentro. 



Como el sonido de los campanillos de las cabras, generosas y valientes, sabias calculadoras 







Estas siluetas son nuestra retina, nuestra piel. Reconocemos el roce, el olor, la mueca, las razones y el sentimiento profundo 


jueves, julio 26, 2018

Esas pequeñas y grandes cosas

Como siempre y como nunca, como cada día en lo cotidiano y lo extraordinario, el paseo de hoy recoge lo que le pertenece a la tarde, a la estación, al momento. Es Lagunilla a finales de julio, el campo tardío como nunca, las calles vacías de niños jugando o corriendo, vacías de otros caminantes que salen de sus casas cuando el sol cae y el calor cesa, las candelas en el suelo

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y las castañas apenas comenzando su camino, suaves todavía en su erizo

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En medio de la movilidad incesante de gentes, acontecimientos y haceres propios o ajenos, hay cosas que no cambian. Hay luces como las de otras tardes y tonos como los de otros siempre, espacios que una y otra vez te llevan al lugar exacto. Es la parta baja del pueblo, junto a la ermita del Cristo, la Iglesia desde allí, las casas con tejas de barro y chimeneas

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Es el sol dorado de la tarde de verano y esos momentos que no tienen prisa, la conversación que se alarga tranquila en el fluir de ese sol que ya no inquieta, 

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junto al huerto también agradecido por el riego y el aire más tranquilo

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Es la primera vez que viene Osiris. la primera vez de ese agua fresca de la fuente camino al Canchal

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Vamos contando historias, lo de antes y lo de ahora, lo sencillo que se convierte en importante, lo extraordinario que se convierte en normal. Y caminamos con la luz que se va haciendo más cálida y nos deja mirar de cerca,

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jugar con sus adornos hasta llegar al destino

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No solo los pasos reconocen el camino. Casi sin pensar, la mirada busca la Sierra de Francia, La Peña

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la Sierra de Béjar

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y luego de nuevo el sur

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No solo la mirada se va a lo lejos. Ahí, junto a esa canchera y en medio de la aridez, esas miniaturas encuentran su sitio

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Lo mismo que las escobillas,

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y el juego de todas

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Es el camino de regreso,

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el adiós del día,

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lo más sencillo y esperado.