Friday, February 04, 2011

Un oasis entre el tráfico

La otra realidad es la gran ciudad y la lucha por moverse en ella, desplazarse de un sitio a otro, desoír el constante ruido.
Este fin de semana es puente en México. El lunes no se trabaja y todo el mundo quiere salir de la ciudad. Nosotros también vamos hacia el sur. No vamos ni a Cuernavaca ni a Acapulco sino a ver a un luthier que vive en esa parte de la ciudad. Del centro hasta la casa de Salvador Soto tardamos dos horas. El tráfico está insufrible. Lo bueno es que al salir de esa larguísima avenida que es Tlalpan, todo cambia y entras a un barrio donde hasta el ruido casi se acaba.
Salvador sabe quién nos puede hacer estuches para el requinto y la guitarra leona que Ramón nos hizo. Su casa es la de un luthier pero también la de un músico. Aparte de tocar jarana en un grupo de jarocho y violín en uno de huasteco, toca música antigua. Le pedimos que nos enseñe y nos deje escuchar la vihuela de rueda

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Los instrumentos que él construye se entremezclan con algunos otros, aunque muchos de éstos, por ejemplo, los ha hecho él

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Su amigo Owen llega poco después que nosotros y compartimos historias, quehaceres y pasiones en el rato que estamos juntos. Él estudió chelo, aunque más como pasaje forzado que por gusto. Lo que realmente quería hacer y hace es tocar música antigua. Canta, toca viola da gamba y fídula,

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La que Salvador le hizo es más grande que la de la foto y la toca sosteniéndola entre las piernas. Ahora está aprendiendo a tocarla sosteniéndola en el hombro porque le da más libertad de movimientos en un escenario. Parece que la fídula se puede tocar de las dos maneras. Aquí está Salvador afinándola y tocándola sentado

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La sonoridad del instrumento es una belleza. Nos acompaña hasta que llegamos de nuevo al laberinto de tráfico en calles convertidas en aparcamientos intermitentes.

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7 comments:

Elèna Casero said...

No sé ni que decir. ¡qué preciosidad de instrumentos¡

Y cómo deben de sonar.

Disfruta, Raquel

EL AVE PEREGRINA said...

La verdad es que Salvador hace un poco de todo,se las apaña el solito.
Los instrumentos son peculiares.

Un abrazo y ¡Viva México!,cuando me toque la lotería...me iré de viaje...a visitar esa maravilla.

Un abrazo, amiga.

banderas said...

Antes de llegar al lugar donde nombras la "fídula" ya había identificado una entre otros instrumentos en la silla... y me llamó la atención.

Luego la nombraste y vi cómo la toca Owen... es uno de esos instrumentos poco conocidos pero de sonoridad cálida que nunca se te olvida... es lo que tiene haber estudiado algo de música antigua. ¿Sabías que en el "Pórtico de la Gloria" de Santiago salen algunas? Si,claro, ¿cómo no lo vas a saber? ;-P

Sigo tus pasos. Biquiños ;-)

Raquel said...

Elèna,
la fídula me encantó. Coincido con lo que dice Banderas. De hecho, justo hablamos de eso con Salvador: las cuerdas de tripa y la afinación mucho más baja hace que el sonido sea mucho más amable y eso, dulce.

Ave peregrina,
así es.
Un abrazo

Banderas,
sí, lo sabía. Pero además tú escribiste algo muy bonito acerca de eso en algún momento. Cuando vi esos instrumentos me acordé de ti.

... y entonces ya sabes que casi se te ha acabado este viaje, ¿verdad?

Viking said...

Cuanto arte y cuanto artista juntos!
Saludos

Ico said...

eso si que es arte, construirse su propio instrumento, afinarlo y tocarlo...los dioses no me dieron ese don, quien sabe, la próxima vida...

Caperucita said...

Que bonita, que envidia