Wednesday, October 15, 2008

¿Cómo decirles?


En uno de mis primeos viajes a Sudamérica fui a Maule, un pueblecito chileno en la octava región, cerca de Coronel, de Concepción, por allí donde el Bío-Bío reclina sus aguas y el mar permea razones. Ya las minas de carbón no producen. Los alemanes llegaron, recogieron lo que necesitaban y cuando la producción se fue agotando, regresaron a su tierra. Apellidos alemanes se quedaron en el pueblo, ojos verdes y tez clara entremezclada con otra tez más oscura, ojos negros, formas que el legado de pueblos originarios dejó como huella.
Y nadie más chileno que esos niños de Maule. Nada más maravilloso que su mirada confiada, su sencillez

Niños conscientes de que su destino es permanecer ahí, que es difícil salir del pueblo, que sus papás no tienen dinero para mandarlos a estudiar a la ciudad. Cómo les explicas que sí se puede, que hay medios, que siempre hay una posibilidad. ¿Se puede? ¿Hay medios? Optimista y siempre esperanzada, llegué pensando que sí, que todo se puede. Vivir de cerca otra realidad me dejó dudas. Eso sucedió en julio de 1996. Era invierno y llovía en Maule.

En febrero de 1997 fui a Bolivia. No estaba preparada para encontrarme esa ciudad que hilvana sus casas en la brecha de la montaña, ni su realidad social con mil razones que no llegas a entender y una pobreza tan brutal que las calles de Maule o el futuro de sus niños hasta se dejan ver como triunfo. Pero creo que lo que más me costó asumir fue el contraste y la desigualdad entre pobres y ricos, y de qué forma tan obvia el racismo y las diferencias de clase parecen estar asumidas

Para ese entonces una de mis hermanas tenía amadrinado a un niñito boliviano, Élmer. Le fuimos a visitar. Vivía en El Alto, la ciudad de más de un millón de habitantes que comenzó como barrio de La Paz y hace pocos años adquirió el estatus de ciudad. A ella llegaron muchos campesinos que emigraban a la ciudad en busca de trabajo para ganarse la vida. El Alto se llama así porque está en lo más alto de la montaña, ahí, muy pegadito al cielo. Y es curioso que sean los pobres los que más arriba viven porque en muchos otros lugares, parece que son siempre los ricos los que a las cimas y lomas (verdes o no) llegan.

Cuando llegas al Alto te das cuenta de lo que realmente es la pobreza. El aire te rompe las mejillas, el sol te abrasa, el tejado es hojalata, en esas cuatro paredes no hay puerta, el suelo es tierra, la gallina duerme muy cerca. En la escuela no hay nada, nada, algún pupitre en algún aula, una pizarra si acaso. Allí encontramos a Elmer. No quería acercarse porque pensaba que íbamos a llevárnolos. O algo. Hablamos con él, le tranquilizamos, estuvimos un rato juntos, fuimos a su casa, los dos espacios donde vivía su familia numerosísima.

Mucha pobreza. Mucha pena. Te sientes impotente, empequeñecido. A la vez, ver todo eso te hace sentir los pies en la tierra, entender lo que tienes o lo que no tienes. Entender, más que nada, la riqueza que te da el tener opciones y el poder controlar mucho de lo que pasa en tu vida.

Desde entonces, sobre todo en viajes por América Latina, he visto mucha pobreza, muchos niños muy necesitados y desatendidos. Me doy cuenta de que vivo en una sociedad privilegiada, tanto aquí como en España, que nunca me falta comida, ni ropa, ni otras muchas cosas. Sí, llevo muchos años amadrinando a niños bolivianos y participando de vez en cuando en conciertos benéficos aquí y allá. Pero todo parece ser muy poco y nunca suficiente porque la pobreza no termina. Las cifras son alarmantes.


¿Cómo decirle a niños nacidos en la pobreza y la necesidad que mucho de lo que se propongan en la vida lo pueden llegar a alcanzar?


12 comments:

Mita said...

Solo tienen que tener gente alrededor que se lo diga continuamente.
Yo nací en una zona pobre, mis padres trabajaban en el campo.Mi madre es una mujer intelingentísima, tiene 76 años, ahora tiene un nivel de vida estupendo, vive sola y está feliz. Ella nos enseñó que la escuela era el lugar para sentirse bien, soñar, tener futuro, conocer a otros niños, ser mejores que ellos :), nos enseñó que sin cultura y formación no se llegaba a ninguna parte. Mi madre es una autodidacta, casi todo se lo ha hecho ella solita.
Mis maestros fueron los pilares básicos de mi infancia, despertaron en mí la curiosidad, me decían constantemente que valía muchísimo, y yo les creí. Un niño tiene una fe ciega en los adultos en los que confía en su infancia. Por eso es importante una motivación permanente. Yo le escribo cartas a Sindy que vive en Honduras y va a cumplir en nov. diez años, y es preciosísima.

Muá!

JESUS y ENCARNA said...

Es tan injusto lo que pasa con los paises latinos que yo nunca llegaré a entenderlo del todo, países fértiles donde si esta humanidad fuese mínimamente humana todas las personas podrían vivir de una manera digna y tener acceso a estudios, salud y a todo lo básicamente necesario, que, no es tanto, si las reparticiones del capital fueran más coherentes.
Es un tema que me entristece mucho.
Besicos Raquel
Encarna

dintel said...

Silencio.

Irreverens said...

Uff... Es que La Paz y el Alto dejaron en mí una huella muy honda en su día.

De todos modos, los que peor están son los que creen que en la ciudad vivirán mejor. En mi expedición conocí personas muy pobres pero todavía dignas: las que seguían en sus aldeas.

Por otro lado me sentí fatal por ser capaz de entrar en una de las pocas cafeterías "pijas" de La Paz...

uff...

Un besazo, Raquel.

Raquel said...

Mita,
sí, creo que es importantísimo lo que dices. Me gusta escuchar tu historia porque es real y le toca de cerca a bastantes personas de nuestra generación (¿Cuántas historias nos han contado nuestros padres sobre la pobreza que había cuando ellos crecía? Claro que todo depende de dónde y cómo, pero sí, se nos olvidan muchas cosas demasiado rápido).
Ayer, mientras escribía eso pensaba también que esa pobreza que he visto, es mínima si se compara con la de otras partes del mundo. Igual, vete a decírselo a ellos. Demasiadas desigualdades sociales y una historia muy larga de corrupción política.
Besotes

Encarna,
yo conozco un poco más la historia de América Latina pero creo que África es aun peor. Quién sabe. Es tema es siempre muy triste, ¿no?
Besos

Dintel,
a veces uno no sabe si hablar o quedarse callado. Así es.

Irreverens,
sí, a la vez que todo eso pasa, la fuerza de las comunidades es esperanzadora, la resitencia política (a pesar de todo, de los años...). Bolivia (después de Haití) es el segundo país más pobre de Latinoamérica. Había visto los contrastes en México y la necesidad pero de verdad que se te quita el susto cuando llegas a sitios como El Alto o incluso, y por contraste, a la parte financiera de La Paz.
Creo que el tiempo nos enseña a reconciliar esas diferencia y a creer ese otro tercer espacio para poder justificar todo lo que parece totalmente injustificable.
Besotes

Mariano Zurdo said...

Quizás si viajáramos más y nos empapáramos de otras realidades tomaríamos conciencia de todas estas cosas. O quizás no, porque somos muy brutos, la verdad.
Besitos/azos.

geminisdespechada said...

Buf, me has emocionado mucho nena.. Gracias otra vez por darnos a conocer la propuesta y por tu entrada!!

Guillermo Anderson said...

Saludos Raquel , mira que por algun motivo me perdi el dia del blog con respecto a los temas del hambre y la pobreza.
No supe de ese movimiento.

Vivo en un pais donde esos dos elementos son el tema diario de los noticieros y uno por mas involucrado que pueda estar en la comunidad y en los temas no deja de preguntarse sobre las causas que parecen ser tantas, aunque a veces uno quiere señalar una o dos para simplificar la respuesta. O para amortiguar el dolor. Gracias Raquel por acercarte.

leo said...

Qué fácil es mirar para otro lado ante todo esto... Siento verguenza.

Magda said...

Da dolor.

Raquel said...

Mariano,
es fácil olvidarse de todo eso cuando tenemos todo lo que necesitamos pero al menos campañas así nos ayudan a recordar que siempre podemos hacer algo, a muchos niveles.
Besotes

Geminisdespechada,
pero si tú haces un montón de cosas por los demás...!
Un besote

Guillermo,
las causas son muchas y muy complejas, sí; va a pasar mucho tiempo hasta que los más pobres puedan disponer de algo a los niveles más básicos; mucho tiempo para esos cambios de mentalidad que tanta falta hacen para ayudar en el proceso de crear igualdades desde ambos lados.
Un abrazo
(Orlando,Pancho y yo ya te estamos echando de menos por aquí)

Leo,
es fácil ignorarlo pero darse cuenta ya es un primer paso.
Besotes

Magda,
es curioso pensar en cómo lo vivirán personas como Guillermo, siempre conviviendo con situaciones de pobreza allí en Honduras. Creo que cada uno en nuestros medios podemos hacer algo.
Un abrazo grande

Luis Alejandro Bello Langer said...

Hola...no quiero ser molesto con las precisiones geográficas, pero quizás hablabas de otro pueblo que no era Maule (que está en la Séptima Región del Maule); quizás era Lota o Curanilahue, que sí están en la zona carbonífera.

Te puedo decir que los últimos gobiernos han buscado aumentar la cobertura en educación, además de hacer obligatoria la enseñanza por doce años; es el principio para, posteriormente, una educación de calidad para todos y no sólo para los económicamente privilegiados.

Lo acaba de decir Shakira en la Cumbre Iberoamericana: 22 millones de niños latinoamericanos están en la pobreza. ¿Cómo no hacer algo, cómo no apelar al corazón de aquéllos que sí gastan lo que no tienen en rescatar a la banca mundial?

Saludos afectuosos, de corazón.