Sunday, November 11, 2007

Recogida melancolía

Se siente melancólico este domingo de noviembre. Íntimo también.
Salgo un momento a la calle. Es un recado. Pienso en lo fácil que es moverse por esa carretera que acaban de arreglar y que tan bien han dejado. En esa fracción de segundo, se me viene a la mente la conversación que tuve ayer con alguien a quien conocí por primera vez. Esa conversación me hizo recordar una vez más lo afortunada que soy por poder elegir muchas de las cosas que vivo. Sí, poder elegir, moverme con libertad, viajar. Pienso también en la calidad de vida que muchas personas en España tienen y siento que esa misma fortuna que tengo también le pertenece a otros muchos españoles. Sí, estoy generalizando sin saber cifras exactas ni estadísticas, pero así lo siento.
Ayer hablaba con ella de lo rápido que pasa el tiempo, de los años que llevo viviendo en Madison, mis veranos en España, el mes de invierno que tampoco vivo aquí. Si no fuera por esas salidas, no creo que pudiera vivir esta ciudad tal y como la vivo, tal y como vivo. Esos meses fuera son impagables y sé que varias personas y circunstancias hacen posible que así sea

Esta persona me decía que no ha podido regresar a su pasís desde que salió hace siete años. Su mamá ya tiene 90 y ella le dice siempre que tiene que aguantar y esperarla hasta que pueda ir a verla. Como muchos otros, no puede volver a su país si es que quiere regresar a este otro. Ahora no puede ser, hay que esperar a que el gobierno cambie porque este presidente y su magnífico gabinete no confieren tregua a los inmigrantes ilegales. También su hijo está allí. Familias divididas, muchas vidas desafortunadas, inmigrantes que han salido de sus países más por necesidad que por elección propia.
No es fácil.
En esa fracción de segundo; mientras miro estos colores de hoy que reflejan esa melancolía recogida en lo exterior y lo interior

8 comments:

Mariano Zurdo said...

El viernes charlaba con unos amigos sobre algo parecido, sobre ciertas circunstancias que serían impensables en España, como que cada uno tuviera un arma de fuego en su casa, como leí que sucede en Finlandia.
Y por otro lado, este fin de semana me lo he pasado en pijama en un estado melancólico en el que me encuentro la mar de cómodo.
Besitos/azos.

Raquel said...

Mariano, acabo de leer tu post y ya me he dado cuenta de que el fin de semana te ha rendido. Qué suerte los madrileños con otro fin de semana largo. ¿Cuál es el próximo?
Un abrazo

Tawaki said...

Como con tantas otras cosas, somos incapaces de valorar el drama que viven los inmigrantes. Como bien dices, nosotros hemos tenido la suerte de nacer en otro lugar, lo que nos ha dado ciertos privilegios.

Qué triste que no sepamos volver la cabeza y fijarnos en la tragedia en la que viven otras personas.

Qué fácil sería cambiar las cosas si de verdad quisiéramos.

Besos,

elita said...

A veces me pregunto si todos vemos los colores del mismo color; aquí donde estoy yo, o allí donde estás tú, o... Qué bonito sería un mundo con cientos de colores.

elita.

Raquel said...

Tawaki, sería fácil si todos lo vieran como nosotros pero hay demasiados intereses económicos en todo y demasiadas capas de intereses que a alguien le debe interesar que permanezcan

Elita, sí, un mundo con cientos de colores y respetos.
Un abrazo

Viguetana said...

Sí, somos muy, pero que muy afortunados.
Yo también me siento así e intento ser muy consciente de ello.

Un beso grande para tu amiga.
Y otro para ti, claro.
:)

banderas said...

He estado saltando este post sin intenciones espureas y finalmente lo he leído... casi prefería no haberlo hecho, puesto que es el más triste y melancólico de los que he leído. Me alegra saber que aquí no se vive tan mal, pero me entristeció muchísimo la historia de esa mujer que no puede volver a su país si quiere volver a ese.

Bicos ;-)

Raquel said...

Viguetana, lo asombroso era la entereza con la que me lo contaba. Tal vez sea que nos acostumbramos a mucho. No sé.
Besos

Banderas, es sólo que el título ya te estaba cambiando el ánimo. Lo que tal vez debería es que me hubiera encantado que escuchárais y sintiérais su convicción y la infinita confianza en que dentro de poco las cosas iban a cambiar.
Besotes