lunes, septiembre 17, 2007

Lunes


El frío de estos días se fue a esperar a la vuelta de alguna esquina mientras el calor y la humedad hoy retocaron colores y jugaron al despiste.
Lo inesperado confunde rutinas, juega con ellas.
A veces las mima.

domingo, septiembre 16, 2007

En Willy Street

Sí, Willy Street y su festival, escenarios con grupos de música, de teatro, titiriteros, puestos de comida, de artesanías, de...

Sí, exactamente. Ese es el mensaje para mister president, el mismo que recibe hoy en Washington con una manifestación masiva y el que no dejará de recibir hasta que no saque las tropas de Irak. Todo Madison se lo dice

Sí, la calle donde no importa el vestido, el color, ser niño


o mayor;

donde también los animales tienen derechos

y los más pequeños crecerán sabiendo que existen lugares donde habita la tolerancia

sábado, septiembre 15, 2007

Más músicas

Atravesamos la ciudad para ir a escuchar más música y pasamos por donde siempre me gusta contemplar la imagen de los edificios alrededor del centro de convenciones, el Monona Terrace, hoy sostenido en el lago

Además del festival de músicas del mundo, hoy es el primer día de Willy Street Fair, un festival que le pertenece a la parte este de la ciudad. ¿Cómo describirlo? Un aire imposible de igualar, un festival de dos días que acoge uno de los aspectos que define a Madison, su espíritu más liberal, más cool y politically correct (cómo me llamó la atención a escuchar esta expresion por primera vez este verano en España, en los medios de comunicacion, entre amigos y conocidos). Sí, Willy street, una de las zonas más "progres" de la ciudad, carismática y entrañablemente cierta,

Dobet Gnahore, de Costa de marfil, actúa con su grupo. Desde el primer momento en que la escucho, me lleva. Te invita. Su presencia en el escenario es maravillosa,

lo recorre y domina con una facilidad que impresiona

Su ternura te llega,

la sientes, al igual que sientes su entrega


y cómo aúna a los músicos que tocan con ella, un guitarrista, un bajista que también canta y un percusionista. Todos muy buenos músicos. Dobe también toca percusiones,

lleva la presentación, une al grupo; y el grupo está muy presente, muy junto: te regalan la música. Esa es la gran diferencia con los grupos que vimos ayer. Hoy sin embargo, tenemos suerte. En el Union, el festival de músicas del mundo continúa y escuchamos al trío de Roberto Rodríguez y Maurice El Medioni. Roberto toca batería y percusiones, una chica al contrabajo y Maurice toca piano y canta en francés y en árabe. La música, una mezcla de trova cubana, latin jazz tranquilo con improvisaciones que tocaban desde ragtime a boleros conocidos, flamenco con sabores de caribe y músicas clásicas. Tal limpieza y gusto, una interpretación exquisita, un sonido que no te cansas de escuchar, ese tipo de música de cámara vivo que tan difícil es encontrar.
Un poco más tarde, en la terraza, los Dhoad Gypsies, de Rajasthan, llenan el aire con las percusiones de sus tablas, castañuelas y cantos que tanto nos dicen cuáles son los orígenes del flamenco

Hoy es el último día del festival. En el teatro escuchamos un rato a Gerard Edery Ensemble y sus canciones sefarditas, calma, esas melodías que tan familiares se sieten. Cierra la noche Louis Mhlanga y su grupo, de Zimbawe. Hace frío pero hay mucha gente. Las farolas alumbran tímidas pero la música llega con fuerza. La música tiene fuerza y se revitaliza en su diversidad y su espíritu sin fronteras.

viernes, septiembre 14, 2007

World music

Ayer comenzó el IV Festival de Músicas del Mundo en Madison. Ayer no pude escuchar ningún concierto pero hoy sí. Hace demasiado frío para tocar afuera en la terraza del Union y los conciertos se están haciendo en el teatro. Todo va con un poco de retraso así que nos da tiempo a dar un paseo por Mongolia, por la República Dominicana y por Irán. No todo son músicas tradicionales. En festivales así cabe de todo, desde lo más tradicional a lo más contemporáneo.

Nos hemos acostumbrado muy rápidamente a escuchar músicas de todas partes del mundo pero recuerdo muy bien que hace diez años no llegaban hasta aquí con tanta facilidad. No es que no se escucharan músicas de diferentes partes del planeta sino que sólo llegaban los “principales exponentes” de esas músicas, los grupos con renombre. Ahora, otros grupos menos conocidos llegan a los circuitos de festivales, algunos muy buenos, otros no tanto, aunque como siempre ocurre, eso depende mucho de gustos y apreciaciones. Cualquier representación artística es un blanco perfecto para las críticas.

Hoy escuchamos a Chirgilchin, un cuarteto vietnamita que canta con la garganta. Utilizan las cuerdas vocales como si fueran instrumentos y hacen resonar las notas a través de la garganta y la nariz. La sonoridad impresiona, es como estar en una cueva y escuchar ese famoso ommm desde lo más interior. (Aquí hay un algunos vídeos del grupo en YouTube.)
Escuchamos también a Puerto Plata, un grupo dominicano que tiene al frente al cantante de 84 años que le da nombre al grupo. El sabor dominicano es indiscutible con la tambora y el güiro, la guitarra de cuerdas metálicas (con un sonido demasiado brillante para mi gusto) y su peculiar forma de introducir melodía, rellenar el canto y hacer solos; y Puerto Plata. Tocan merengues, bachata, boleros... Si bailas, todo va, todo llega. El problema llega cuando sólo estás escuchando: el primer merengue, bien; el segundo, pasa; el tercero ya te cansa. Y Puerto Plata ya no está en los mejores momentos, su voz no alcanza, la afinación se pierde, el sabor de los 84 está más en el lo comercial que en lo musical.
Terminamos la noche en Irán, o en USA-Irán debería decir porque Haale, hija de iraníes, nació y creció en Estados Unidos. Tenía ganas de escucharla después de haber leído y escuchado algo de ella en su página web, pero creo que estaba esperando otro sonido: sí lo contemporáneo pero con una mayor utilización de toda la riqueza de la música persa tradicional, jugar más con los modos, menos con la repetición y el sonido demasiado "occidental", el uso de la poesía persa más incorporada en lo musical.

Como siempre, mi crítica es sólo una opinión. Igual, agradezco mucho poder ver y escuchar a todos estos grupos y tener un festival así en Madison.

jueves, septiembre 13, 2007

También éstos

Voy, vengo, me muevo de un sitio a otro y el rato que puedo, me detengo. Quisiera poder descansar un momento más. Estos cuatro días han sido largos, intensos. Ha sido sumergirse en un nuevo ritmo de vida sin tener mucho tiempo para extraviarse, sin tiempo para los amigos, los mensajes, el teléfono. Sin embargo, me siento en paz con la vida y sé que los demás están ahí, como estas flores que encuentro por la vereda y que parecen resistir los días más templados. El sol las alimenta. Sonrío al verlas y pienso que esos colores también son de comienzos de otoño

miércoles, septiembre 12, 2007

Lo que cambia, lo que nos transporta

Hace tres meses estaba recorriendo algunos de los lugares que hoy recorro pero de forma muy diferente. El camino que antes recorría en bicicleta por placer lo hago hoy por necesidad. Igual es un placer llegar al centro por la ruta de bicicletas, a pesar de que tenga un horario que debo cumplir. Es curioso también pensar en todos esos mundos que conviven en las ciudades. Madison es una ciudad pequeña pero puedes vivir en ella sin necesidad de adentrarte en las vidas de esos mundos y sin cruzar sendas que parecen pertencecen a unos u otros. Creo que debe pasar en muchas partes y en muchas ciudades y que, como siempre, nuestra mirada es selectiva y los mundos que vivimos son los que queremos vivir.

Hoy voy al centro en bicicleta y por el camino voy pensando en eso, que es el mismo camino, que sólo la sensación interior lo transforma. Es un camino que he hecho varias veces pero es hoy cuando me llama la atención este taller

Quizás por el contraste de la forma y color del tejado con el verde del volkswagen verde aparcado enfrente; el negro lo veo después, la camioneta roja llega más tarde. Me pierdo en mis pensamientos mientras sigo hacia el campus. Me acerco un momento al lago, junto al Union, esa terraza que tanto se disfruta en el buen tiempo. Hay mucha paz. Los pocos ahí sentados leen, charlan o no hacen nada en este día luminoso

Al otro lado, los botes más grandes descansan y los más pequeños se preparan para alguna salida

También aquí se siente la calma, cierto silencio, la plenitud de esta luz y el espacio abierto

No puedo entretenerme más. Más vale que me vaya pronto porque a estas horas del día no va a ser muy fácil encontrar aparcamiento

martes, septiembre 11, 2007

Primeros y últimos retazos

Se siente como si hoy hubiera comenzado el otoño. El aire más fresco, sin humedad, la escarcha de la mañana desgranándose sobre la hojas,

el verde más quebrado

Los árboles ya empezaron a mudar su ropaje, a lucir ocres,

otras transparencias

Son los primeros retazos y sin embargo, pareciera que ya están listos para la nueva estación, que el cambio no les es extraño. (¿Y cómo lo conciliamos nosotros que tanto nos cuesta ir de una a otra vereda?)

Siento que esta imagen anuncia esa nueva estación que ya empieza

y que la anuncia repleta de bienvenida.
Debe ser que ya hay que empezar a cambiar de zapatos, encontrar algún que otro abrigo de entretiempo y dejar de perseguir los últimos retazos de verano.

lunes, septiembre 10, 2007

Gotas

Cómo luces o sombras marcan el paso de los días. Cómo nos despiertan o nos acallan.

Ha llovido todo el día

domingo, septiembre 09, 2007

Montreal (4), últimos bocaditos en Schwartz's y Atwater

Es nuestro ultimo día en Montreal. No podemos irnos sin pasar por un pequeño restaurante en el vecindario judío que varias personas nos recomendado. El sitio no es gran cosa; el espacio es pequeño, una barra a lo largo del local, mesas de formica al otro; mesas y sillas pequeñas para que quepan más. Con eso y un menú de lo más sencillo consiguen mantener una clientela diaria que llena el lugar de 9 de la mañana a 12:30 de la madrugada. ¿Qué comer?

Un sándwich de carne de ternera ahumada, patatas fritas, ensalada de col y pepinillos como complemento. Nada más. Llegamos a las 11 para tomar brunch, algo típico de los domingos, un desayuno-almuerzo, breakfast y lunch todo junto. El lugar ya está casi lleno y en menos de media hora se acaba de llenar. La gente espera a la puerta y cuando salimos aún hay cola

(Lo mismo pasó ayer en algunos restaurantes de la zona de la calle Duluth donde fuimos a comer. La gente espera para entrar y a veces esa espera dura hasta dos horas.)
Tenemos un poco de tiempo antes de ir al aeropuerto y decidimos ir al mercado de Atwater a comprar quesos de Montreal. Verduras y frutas se despliegan con el mismo cuidado que en el mercado de Jean-Talon

pero son los puestos de carne y pescado los que se llevan la palma. Yo diría que nada como los mercados de España o Portugal para comprar carnes y pescados y encontrar los cortes más inverosímiles, pero la cantidad y variedad también aquí llama la atención.
El sexto sentido físico nos arrastra a un rincón más dulce, a una pastelería que te desborda. Es casi imposible decidir qué

Al final, un café y un pastel tout chocolat

y sinónimo de satisfacción total. Eso me llevo de Montreal.

sábado, septiembre 08, 2007

Montreal (3b), el viejo Montreal

Aunque lleve el nombre de Viejo Montreal, creo que sólo el adjetivo se ajusta a los edificios, a la parte antigua de la ciudad, la que discurre junto al río, la avenida de Notre Dame por donde caminamos con todos los edificios neoclásico. Desde el mercado vamos en metro

hasta la plaza Victoria

muy cerca de este edificio donde trabaja nuestro amigo O.

Desde allí caminamos hasta la Plaza de Armas por calles muy vacías por ser sábado. La mezcla de lo nuevo y lo viejo es evidente y parece tener un algo casi dramático cuando contrasta con ese cielo tan intenso

por el que las nubes viajan con rapidez

La calle es Notre Dame

y va desde la plaza Victoria hasta la plaza de Armas

donde está la basílica de Notre Dame. Hoy parece un circo esa plaza con tanta boda y tanta gente peripuesta, limusinas, carruajes

Y no es sólo aquí sino un poco más allá. Como si el día fuera el propicio y el buen tiempo hubiera echado a volar las campanas. Se siente un poco como de otro lugar, otro momento,

casi irreal aunque cierto. El día tan luminoso lo exagera y delimita con líneas claras.

El día tan luminoso lo exagera tal vez y lo delimita con líneas claras

Nuestro paseo sigue hasta llegar al puerto. Esa calle que baja se merece toda una entrada por su gente y sus personajes: el mimo que ofrece regalos gratis,

el contrabajista y clarinetista a punto de empezar a tocar,

el Elvis con quien cualquiera se puede fotografiar por $2 (-la chica de la foto me mira asombrada como preguntándose por qué además de su compañero yo también la fotografío),

los otros músicos, los pintores, los caricaturistas... la lista es interminable. Un adiós por ahora. Mañana un poco más.