viernes, abril 27, 2007

Despertar en Lisboa

Ya vemos la desembocadura del Tajo desde el avión, el mar Atlántico. Después de dejar las cosas en el hotel salimos a la calle, a esta ciudad viva que pasea cuestas, que vive plazas, que vive gente amable y habla una lengua dulce y hermosísima, que vive sonrisas. Recorremos calles grandes, avenidas o plazas que a ratos nos recuerdan a las de Madrid,

pero cuando llegas a otras plazas y a otras calles y cuestas, sabes que Lisboa es esa ciudad junto al mar, en la desembocadura del río, abierta a la marea, en la suave compañía de la humedad,

otro aire, otra amabilidad. Ciudad de callejuelas, de subidas y bajadas

Te sientes bien, acogida.
La comida se ve apetitosa, sientes cómo la gente la disfruta y se sienta en las terrazas de cafés, tascas y cervecerías para el almuerzo o para la cena. Como en otras culturas del sur de Europa, la gente le dedica tiempo a su comida, al placer de disfrutarla en compañía. Hoy estamos a la espectativa, es el comienzo, todo se nos antoja y probamos alguna empanada, algún que otro dulce, tomamos café, nos paramos a ver cartas y menús de los restaurantes por donde pasamos. (Luego, en otro momento, subo alguna foto de esas delicias culinarias).

Colores y formas nuevas, casas en lo alto, casas de ventanales, de formas caprichosas, funiculares recorriendo la ciudad,

una ciudad vieja y moderna, remozada, revestida de encanto, carismática y entrañable,

recorrida también por los hilos de sus tranvías,


alumbrada por farolas insustituibles

Nos dejamos llevar. Montamos en un ferry que nos lleva al suroeste de la ciudad y vemos la otra imagen de la Lisboa que desde afuera se alcanza

El día se nos escapa como en un suspiro. Volvemos al hotel a la hora en que mi familia tiene prevista la llegada. El encuentro es un abrazo que te empapa, completo. Estamos casi todos y es muy emocionante encontrarse aquí.
Salimos a cenar, la primera de muchas comidas exquisitas en la que degustamos lo rico y lo fresco de la comida portuguesa. Tenemos suerte, con nosotros está un gran amigo de la familia, una persona maravillosa que conoce Lisboa y Portugal como la palma de su mano (trabaja en cosas de turismo), alguien que nos guiará por los rincones de la ciudad y que nos llevará, entre otros sitios, a sus restaurantes favoritos. ¿Qué más se puede pedir?

jueves, abril 26, 2007

En tránsito, una red de desconocidos

Comienza ese viaje tan esperado para el que dejo la mente en blanco, la impaciencia colgada en el armario para que no interrumpa el devenir de los aconteceres, lo que vaya a ser.
El primer trayecto del viaje lo hago en coche. Llueve de Madison a Milwaukee sin cesar, con esa lluvia insistente e intensa como si se hubiera roto un mundo pedazos y hubiera que llorar toda la pena, muy fuerte y desesperada a ratos. Recogo a los dos pasajeros que me acompañan y el trayecto de Milwaukee a Chicago se hace breve. Llegamos con tiempo suficiente para parar a comer algo. Ahí, en uno de los corredores donde están todos los puestos inimaginables de comida rápida, pasa la historia más graciosa, la escena más peculiar por natural, por compartida entre pasajeros que cruzan sus destinos en ese momento.
Somos tres y buscamos un sitio para sentarnos. No hay muchos espacios vacíos pero ahí vemos varias mesas juntas y hasta una chica que está sentada cerca nos dice que nos puede dejar el sitio. Nos sentamos dándole las gracias y diciéndole que tal vez se arrepienta de la invitación porque no vamos a regalarle calma sino alboroto. "No os preocupéis", dice, "trabajo con niños con problemas de comportamiento y después de eso, creo que os podré sorportar". Charlamos con ella. Pregunta si nuestro avión está retrasado, que el suyo ya lleva tres horas. Va a Kansas para una fiesta de despedidad de soltera de su mejor amiga. La conversación discurre fácil, pregunta dónde vamos y por qué salimos desde Chicago, si estamos en tránsito, si somos familia –sí, no, hacemos bromas- y le explicamos la conexión entre los tres, Pancho, Selim y yo, por qué Milwaukee y Madison, cómo la música conecta al doctor guitarrista, al físico músico y a la "símplemente" músico.
A la conversación se une otro señor que hace poco se sentó cerca y que ya antes anotó que ayer, su vuelo de Nueva York a Chicago llegó con seis horas de retraso. Después de escuchar que Selim es de Turquía le pregunta algo relacionado con su trabajo (presidente de 3lab, una compañía que trabaja con productos de cosmética) y cuenta que ahora en Turquía han cambiado mucho las cosas, que hay más poder adquisitivo, que en los centros comerciales hay demanda por tiendas de cosmética y que pronto viajará a Turquía para ver todo eso y ver la posibilidd de abrir ahí su mercado. Que qué piensa Selim.
Y la conversación sigue sobre el trabajo de ella, las nuevas generaciones de niños y adolescentes, las nuevas formas de aprender. El señor, de Nueva York, cuenta que en algunas escuelas ya no están enseñando a escribir caligrafía, con lápiz y papel, que los ordenadores son exigidos. También la conversación gira en torno a los mensajes de texto telefónicos, al teléfono móvil, al chatting en internet y esta generación que se comunica de forma tan diferente a como él, por ejemplo, lo hacía, creciendo en el Bronx con su madre que le mandaba a jugar a la calle y se buscaba la vida con los otros veinte chiquillos de su calle. Y su hija, dice, con su grupo de amigos, no puede ponerse de acuerdo sobre qué película ir a ver porque cada uno quiere una, porque hay mil opciones, porque en lugar de reunirse y decidir en persona qué es lo que van a hacer o dónde van a ir, la comunicación se hace por escrito, con mil mensajes de ida y vuelta, otra forma de vivir que no deja mucho espacio para la socialización y para desarrollar las habilidades de comunicación social de las personas -o al menos la comunicación tal y como la hemos conocido hasta ahora-. Con ese tema, de forma espontánea se une a la conversación otro señor sentado al final de las mesas. Él dice que internet hace a los niños más inteligentes. Y el neoyorkino protesta y dice que no, que es sólo que los niños ahora están expuestos a muchas más cosas, las opciones son infinitas y las posibilidades de participar en muchas cosas, más accessibles y al alcance de la mano.

Lo interesante es el momento, esta mesa de desconocidos que por un rato se juntan y cruzan conversaciones con tal naturalidad y facilidad, sintiéndose cómodos, como el grupo de amigos que cada día baja al bar a tomar el café y echar la partida.
Intercambiamos tarjetas. Ella se llama Melissa y él Spencer. Y este rato nos deja saber que los aeropuertos son esa ciudad enorme habitada por desconocidos que a veces te regalan sorpresas agradables. Este comienzo de viaje, amable, diferente.

miércoles, abril 25, 2007

A Lisboa

Lisboa, una ciudad para caminar, para pasear. Eso dicen. Así era cuando la conocí hace por lo menos 25 años. Vagos recuerdos de sus tranvías, los colores de sus casas, sus cuestas, la humedad en el aire, el café antiguo de mesas pequeñas y redondas. Pero ha pasado mucho tiempo y creo que ni siquiera tengo fotos de ese viaje. Ésta la encuentro en esta página web de Lisboa

Cruzo el océano para encontrarme con mi familia, para celebrar un cumpleaños especial, para robarle una alegría más al tiempo, una sorpresa a los días. Tal vez pueda trazar alguna de las huellas de la memoria pero la verdad, dejo los días abiertos a su propio destino, los ojos y la mirada nueva, las manos junto a las de los mejores compañeros de viaje. Viaje esperado, muy querido.
Tal vez no, o tal vez sí, si los días y las noches se dejan, pueda contar de sus pasos y su discurrir, o de esos fados que me muero de ganas por escuchar en algún lugar del Barrio Alto o de Alfama

Qué maravillosa es esa sensación de poder descubrir algo nuevo y diferente, recorrer lo desconocido y mimar el encuentro.

martes, abril 24, 2007

Lluvia de abril

Me gusta esta lluvia de abril, amable, entregada a su tierra y su renacer. Salgo para estar con ella, caminar, contemplar su rostro, dejarme acariciar por su misma piel, nueva y tolerante

El árbol también le da la bienvenida, sin queja; sus flores ya pesan pero el agua no las agota, no exige ni desequilibra su fugaz madurez

Me gusta ese inicio de la frescura en el verde, su bellísima claridad y transparencia

Y ese otro blanco de delicada textura que recorre la cintura del día,

día suave y amable como la lluvia.

lunes, abril 23, 2007

Esta generación

Esta niña me deja muchas sonrisas interiores. Su alegría me envuelve, su juego, su forma de relacionarse con los demás, la frescura de su forma de pensar, la niñez y la madurez reunidas, el saber dónde viven los límites y cuándo (aunque tal vez no siempre) poderlos o no romper. Ella, junto a otras niñas y niños de 6, 7 y 8 años a quienes vivo de cerca, me deja ver otra parte de la vida. Veo cómo crece esta generación de pequeños con mente despierta y rica imaginación, quén vive, qué les interesa, de qué habla, cómo se abren junto a padres que les ayudan a florecer, o cómo se cierran. La mayoría de las veces veo cómo los padres les abren el camino y con intuición sabia les hacen ver cosas, sin imponer, tratando de que sean felices pero asegurándose de que entiendan también sus obligaciones y responsabilidades. También existe el otro lado, una permisividad exagerada que lleva al niño a tener el control y a mantenerlo cuando se da cuenta de que es él quien sostiene y mueve las cuerdas de la marioneta.
Me siento afortunada por poder disfrutar de muchas cosas buenas de estos niños de corazón grande que ya, a su edad, respetan y son conscientes de mucho de lo que yo misma respeto a nivel personal y social. Es esperanzador.

En otra sociedad, en otro lugar, otros niños viven algo muy distinto: es la otra cara de la moneda, la otra realidad. Guillermo Anderson cuenta aquí de los niños que trabajan en Honduras.

domingo, abril 22, 2007

Thousand-Hand Guan Yin

"As long as you are kind and there is love in your heart
A thousand hands will naturally come to your aid
As long as you are kind and there is love in your heart
You will reach out with a thousand hands to help others" (Zhang Jigang)

El vídeo también se puede ver aquí. En esta página web hay un poco de información sobre el espectáculo.
En diciembre ví un reportaje sobre una actuación similar pero hecha por un grupo de personas sordas. En YouTube hay un vídeo de una de las actuaciones de ese grupo.

sábado, abril 21, 2007

En la sencillez

Muchas razones para disfrutar de la vida, unos cuantos años ya aprendiendo a equilibrar mejor las pasiones, aprender a llevar las tristezas, recorrer con calma los rincones del gozo.
Hoy es esa simpleza de lo obvio, el deleite en la sencillez de sentarse a media tarde junto a muchas otras personas que disfrutan de la tibieza del aire, la luz, que te sonríen, que viven con tanta despreocupación como tú esta primera oportunidad de estar afuera, en esa terraza junto al lago,

que contemplan el fluir, la sencillez del rastro

Vivo en Madison por diversas razones. Por ahora es así y es aquí. No es el lugar donde nací pero es la ciudad donde he pasado muchos años, la que riega recuerdos para que mi corazón también los viva, la que recoge una parte de mí y añade un rasgo a otra (¿cuántas personalidades en una misma persona? ¿cuántas caras? ¿cuántos devenires en un sólo destino?).

En la terraza del Union, junto a ese lago, esta imagen de siempre, hoy con esa luz de contraste que siempre busco, con un saludo al atardecer abierto sobre el horizonte del tiempo

viernes, abril 20, 2007

Un paseo en primavera

Despertaron de la noche a la mañana anunciando un día de primavera, el regalo perfecto

A su lado, el magnolio comienza a florecer, sus ramas abriéndose para regalarnos la más generosa canción, un aroma inconfundible, el gozo de retoñar y convertirse en flor,

sin miedo, sin timidez, cada botón recogiendo, ansiando impaciente su momento

Demasiado hermoso el día para estar adentro. Imposible no robarle un magnífico paseo por el Arboretum, imposible no admirar el revivir de la tierra a cada paso, compartir el gozo de la tierra, la luz, el sol, y esa inconfundible sensación de plenitud y alegría despidiendo al largo invierno

Compartir la calma y placidez del señor pato,

la serenidad del junco en su reflejo,

el paseo y el coqueteo del ganso acicalando su vestido, insinuando seducciones,

la serena ternura del lago,

y la tranquilidad y dulzura de esta imagen

El árbol de flores mágicas despide el paseo, flores sutiles protegiendo alegrías

jueves, abril 19, 2007

La tristeza en el árbol

Los árboles también se enferman. El año pasado fue el arce grande y anciano de la parte de atrás de la casa. Es extraño verlo incompleto, con su mitad desaparecida pero aún ahí detenida como quien no quiere desprenderse de un abrazo

Hoy veo con tristeza cómo el árbol grandísimo de la casa de más allá también desaparece. Ha sido un proceso de toda la mañana y parte de la tarde

Pensé que sólo iban a cortar algunas ramas, que tal vez dejaran otras aunque sólo fuera para jugar a alcanzar nubes y espacios

pero al final, lo único que quedaba era el tronco cortado. Ni años ni porte. Todo borrado.

No me gusta esa derrota.