Tuesday, December 04, 2007

De hoy y de ayer, antes y ahora

Vuelve a nevar. No hace frío. Dicen que cuando nieva, templa y que son más fríos esos días de heladas fuertes, los de noche de luna clara y casi cortante. Decía la abuela que si la luna tiene cerco es porque al día siguiente va a nevar. De pequeña, cuando más frío hacía y los mayores decían que iba a nevar, noche tras noche miraba al cielo confiando en que la luna despertara con cerco para que nevara y que al día siguiente pudiéramos jugar a tirarnos por la cuesta de los pinos en trineos improvisados con plásticos. Entonces sí nevaba, ¿te acuerdas? Cómo nos gustaba. Cómo buscábamos esos días para jugar otros juegos. Mamá nos abrigaba mucho, manoplas, bufanda y pasamontañas incluídos. Íbamos a por el pan con cuidado para no resbalarnos con todo el hielo que parecía hacerse el invisible y que nunca se podía ver muy bien. Anticipábamos la leche helada y endulzada con azucar y canela. Mamá la hacía en la lechera de siempre, con la que íbamos a buscar la leche cada día. Sí, cuando ya estaba todo preparado, había que meterla bajo la nieve para que se congelara, debajo del granado. Aún en invierno, el jardín tenía sus espacios, sus rincones.
La montaña nevada se veía perfecta, especialmente cuando el sol desplegaba y desvelaba los mil colores del blanco en contraste con otros fondos pintados.
Aquí no hay montañas y aunque todo es plano, nieva. Mira, esta nieve es suave y algodonosa, y no araña la cara como la lluvia del otro día


¿La sientes? Lo va cubriendo todo.
Así luce de noche


Infatigable, transforma ciudades y paisajes; impredecible, te roba o te regala. Y como regalo, te dije que te enviaría parte de ella, un pedacito de suspiro sin pisadas.
Aquí la tienes, detenida al sol de ayer

Mientras veía alguna de esas hojas caer me preguntaba cómo sería ser hoja y dejarse caer,

niño recorriendo la cuesta en trineo de plástico y en lluvia de leche dulce con canela en rama

12 comments:

elita said...

¡Qué gusto ser hoja y dejarse caer sobre esta nieve tan apetecible!
Y qué buenos recuerdos de infancia, has estado envuelta de nieve desde siempre.

Me alegro de que ya no os haga tanto frío.

Besitos.

sw said...

belleza de la nieve
la echo de menos
mi infancia también estuvo llena de nieve

mgqeaol said...

Qué fotos más preciosas. Besitos

Raquel said...

Elita, ahora apenas si nieva allí. La nieve no duraba tanto ni hacía tanto frío como aquí. Madison es único, ¿quieres comprobarlo?
Besos

sw, eso no lo sabía. Ya me contarás.

mgquasol, muchas gracias

Asun said...

Supongo que te acordarás de la mañana que mamá te mandó a por el pan. (Estábamos en el comercio), había nevado y la nieve en la orilla de la carretera estaba hecha montones.

Al rato, apareció algien contigo, que venías llorando y con la cara roja. Traías apuñadas las diez pesetas del pan. Nos contó, quien fuera, que te había corneado una de las vacas moruchas que siempre esperaban en la carretera.

A mi me daban tanto miedo que siempre pasaba ese trozo subida a la pared del Cortinal.

Asun

Raquel said...

Claro que me acuerdo. Cuando estaba escribiendo lo de ir a por el pan tenía esa imagen en la mente. La vaca me tiró al suelo. ¡Qué pánico!. Es verdad que ahí estaba la pared del Cortinal, eso se me había olvidado.
Un besote!

leo said...

Qué entrañable, Raquel, qué emocionante, los recuerdos compartidos, la niñez...
Un abrazo.

Raquel said...

Leo, los recuerdos guardan tanto que tal vez por eso sea tan bueno compartirlos.
Un abrazo también para ti

Mariano Zurdo said...

Hay mucha ternura en esta entrada. La toco.
Besitos/azos.

Raquel said...

Gracias Mariano y qué bien que la puedas tocar de cerca.
Un besote

Tawaki said...

Tus recuerdos llaman a los míos. Qué preciosidad de entrada.

Estas hojas son las más listas. Esperan a que el suelo se cubra de nieve para no hacerse daño.

Un abrazo

Raquel said...

Las más listas, ¿verdad?

Qué maravilla cuando esos recuerdos te llenan de algo especial, ¿no?
Un abrazo