Saturday, July 19, 2008

Pertenecer

Cómo me gusta escuchar el hilo de los días en este pueblecito que siempre te reconoce al llegar y que tú reconoces. Es algo tan cercano y familiar que lo entiendo desde adentro, aunque sin dejarme de asombrar por esa maravillosa simplicidad de las cosas y lo que la permanencia nos regala a quienes la apreciamos: es un abrazo que siempre se te abre.
Escucho el discurrir de las horas y sus sonidos traen recuerdos de lo que siempre he llevado adentro: es luz, juego de niños en la calle, voces cercanas o distantes, pájaros en la tarde, por la mañana, campanillos de cabras, la hora de ir a buscar el pan, el paso del vecino de aquí o de más allá, un tono de voz, una puerta que chirría.

Cómo me gustan esos breves paseos al atardecer

En estos días de calor, es a la única hora a la que se puede salir a caminar. Hoy elegimos un trayecto corto y en él va apareciendo el momento,

las cosas que asoman de lejos

o de cerca,

Vamos recordando cómo era en ese castaño de largas candelas y tronco con intrigas

o cómo es ahora que el camino nos lleva

en juegos de infinito detalle

Un poco más allá aparece

Ya ves, mi pueblo no guarda un orden de casas ni una estructura ordenada

pero ese desorden también le pertenece.
Me gusta encontrarme los huertos plantados y celosos del cuidado y el saber que las manos le ofrecen


Junto a ellos, los caminos por donde los cardos también encuentran su asiento,

como las escenas de lo cotidiano

Sí, todo le pertenece y todo parece estar ahí, un poco detenido cuando el primer frescor del día llega y la rosa asoma entre la cal de la vieja pared,

de la mano de su compañera la hortensia

y los tejados que, como todo lo demás, ya empiezan a desdecir el día


Luego salen los grillos y nos sentamos a mirar la luna, tan llena y hermosa en su travesía.

10 comments:

Irreverens said...

Pues será que estoy acostumbrada a este tipo de pueblo, pero lo prefiero mil veces a las calles sumamente predecibles de los Estados Unidos.

Comprendo que disfrutes a tope de esta pertenencia. Yo también lo haría.
:)

Besotes

Elèna Casero said...

Cómo te entiendo, Raquel. Ese descubrirse e identificarse en una población pequeña.

Disfruta antes de regresar a la igualdad.

Un beso

JESUS y ENCARNA said...

Tu pueblo es una preciosidad, así lo crees y así lo transmites.
Petons
Encarna

leo said...

La sencillez, la pertenencia, las raíces... Esas pequeñas cosas.
Me habría gustado tener un pueblo como ése. Madrid no pertenece a nadie, o al menos así lo siento, a veces.
Gracias por compartirlo.
Besos.

dintel said...

Como si hubiera estado paseando yo.

Un beso.

Mita said...

Raquel, cómo me motivas a hacer fotos! Es una forma preciosa de mirar y sentir.
Besos

Anonymous said...

la torre sigue con su boca abierta.

ISOBEL said...

una preguntita ¿por qué las hortensias son azules?, besitos

Magda said...

sin palabras me he quedado, tú lo dices y transmites a la perfección...se siente todo...
besos

Raquel said...

Irreverens,
a mí me pasa igual. A lo mejor soy cruel con esos lugares de Estados Unidos (hay sitios preciosos, claro) pero en general, me quedo mil veces con nuestros pueblos españoles, ricos o pobres, hermosos y más normales.
Andas por aquí.
Un besote

Elèna,
además, por alguna razón (tal vez el silencio de muchos momentos), es aquí donde realmente descanso y donde con cierta paz, me dejo discurrir por pasado, presente y futuro sin ansiedades.
Un beso también para ti.

Encarna,
hay rincones bonitos aunque el pueblo es un poco destartalado. Pero cuando quieras venir, te llevo a los alrededores. Ahí sí que sí.
Besos

Leo,
te pertenece Madrid, tu barrio, los sitios que haces tuyos. Es algo diferente. No hay momentos como éstos de Lagunilla y de pueblo pero hay otros muchos, incanjeables también.
Un besote

Dintel,
paseas por aquí, claro que sí.

Mita,
me alegro mucho. Poder compartir todo esto es especial. Escucho tus imágenes también. Sube más.
Besotes

Anónimo,
sí, te está esperando para que subas a tocar las campanas. En realidad está así desde que se automatizó eso del toque. ¡Vaya!
Besos apretaduchos A.

Isobel,
algunos dicen que depende de la tierra. Éstas, en concreto, me cuenta la dueña que son de un azul muy intenso porque le pusieron una pizarra y el hierro de la piedra les da otro color. La madre de estas hortensias es de un azul más pálido. Um... misterio que nunca llego a resolver.
Besotes

Magda,
un abrazo. Bienvenida a casa. Aquí estás tú también.